miércoles, junio 22, 2016

EDUCACIÓN SEXUAL DEL NIÑO VISUALMENTE IMPEDIDO



“Discapacidad Visual V”
Marta Sarria

Los niños y niñas visualmente impedidos tienen las mismas necesidades sexuales, impulsos, potenciales de interacción y  deseos que los normovisuales; pero  están privados  de aprender de las diferencias de género  y de las conductas sexuales, acorde a la sociedad y cultura que los rodea. La educación sexual comienza desde que el niño nace, ya que el niño/a está constantemente explorando de modo táctil, especialmente con la boca en sus primeros meses de vida.
El niño/a debe tener claramente interiorizada la identidad de su propio género. Es lo básico que el niño debe saber de su esquema corporal. Éste permanece fijo a través de toda la vida, aunque sufre cambios en la pubertad hasta convertirse en un adulto.
En la adolescencia comienza la curiosidad objetiva y subjetiva sobre el sexo y la sexualidad; es la edad más difícil para estos niños/as ya que se inicia una serie de cambios físicos y emocionales. Sobre todo hace preguntas sobre esos cambios en el desarrollo de su propio cuerpo y el de los demás. Además tienen la preocupación de la aceptación social por el sexo contrario. Es aquí donde empiezan sus experiencias sexuales y la masturbación, pues así aprenden de la sexualidad, a través de la exploración de su cuerpo y las sensaciones que experimentan. Esta etapa es igual a la de los adolescentes normovisuales.
La edad adulta solo será exitosa si sus padres realizan un buen trabajo desde la niñez, de estructuración del entorno y como han ayudado al niño en su funcionamiento biológico, facilitando la aceptación y el uso de su sexo para su auto identidad y relaciones sociales. Si no realizaron esta labor tendrán un adulto sin confianza en sí mismo y sin interacción con otras personas. Al no estar preparado necesitará de educación sexual y apoyo en las relaciones interpersonales.

Resumen elaborado por Patricia Alejandra Acevedo Jiménez, alumna Carrera Asistente Técnico en Educación Diferencial, Instituto Helen Keller.



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